Civismo para todos
Esta mañana he estado hablando con Dafnerina mientras sacabamos a mi perra a pasear para que hiciera sus necesidades.
Los perros son, dicen, los mejores amigos del hombre. Quien tiene un perro tiene un tesoro, y no hay nada que pueda sustituir el momento de entrar en tu casa y que tu perro vaya a saludarte. Hay gente que dice que ésto lo hacen no por amor a su dueño sino por su necesidad de salir a la calle. Puede ser.
Lo que no puede ser es que se dejen todas las "deyecciones" (como llama el Excelentísimo Ayuntamiento de Alcala de Henares a la mierda) del perro en la calle. Ahora han instalado unas papeleras para depositar allí unas bolsas que ellas mismas dispensan para que cada hijo de vecino recoja la caquita de su perrito y parece que la gente se empieza a animar. Supongo que el hecho de que si te pillan (no se como, porque nadie vigila) dejandote una necesidad perruna en el suelo te pongan una multa de cojones puede influir también.
Así, últimamente hasta las personas mayores recogen la zurraspa de sus perrilos. Por supuesto y como siempre, la fauna española incluye entre sus más bellas formas a unos cuantos Hijos de la Grandísima Puta que dejan los parques hechos un asco. Además, se suele dar el caso de que estas bellísimas personas tienen perritos del tamaño de caballos, que cagan grandes montones de mierda de cada vez. Pero bueno, hay que subsitir con esta gente no apta para la vida.
El caso es otro. Hablando con Dafnerina, como dije al principio, se le ocurrió que, de igual manera que nosotros tenemos que recoger las defecaciones chuchiles de mi perrilla, por qué los fumadores de los cojones pueden dejar las colillas de sus pequeños tubitos de muerte tirados por el suelo.
Y es que, amigos, no hay acera española que se salve de las putas colillas. Toda España es un gran cenicero para estos otros Hijos de la Grandísima Puta. Y no solo las calles. Los parques tampoco se salvan. No hablemos de los bares. Y lo último y mejor de todo, la naturaleza tampoco se salva. Hoy día, gracias a ellos, podemos encontrarnos colillas en playas y montañas, en bosques y prados. Y es que los putos fumadores no piensan en los demás.
Claro, si tu te quejas eres un intransigente. Ellos pueden hacer con su salud lo que les salga del puto culo. Pero, valgame Dios, no tienen que pensar en la salud de los que les rodean. Y por supuesto, tampoco en el civismo. Tira la puta colilla al suelo, es todo lo que tienes que hacer. ¿Para cuando multas para estos desagradables señores? Me gustaría recordar a ciertos gobernantes, que en algunas de las ciudades españolas está prohibido escupir en al suelo... tirar colillas debe de ser más ecológico.




